viernes, 20 de mayo de 2016

Elogio al ander peroncho


Por Marcelo Padilla



Al que tiene corazón peronista le calienta tres carajos la disciplina de las orgas y el partido político pejota en las buenas y en las malas, le hace un tacle o codea a los dirigentes en los dientes. No es un militante a tiempo completo porque se concibe así mismo como un decepcionado peronista de barrio bajo que espera a veces algo que no llega nunca o cuando llega le tocan las sobras y la pasa mal en la repartija. Accede a los beneficios como cualquier hijo de vecino antiperonista en las épocas mozarts como ocurrió en los últimos 12 años y medio pero sigue en bolas. Es un sujeto social y político desdentado que pinta casas o hace changas, tiene un cargo de mala muerte en el estado provincial o municipal, vende ropa interior o perfumes y escribe poesías a las chicas. Y las chicas lo mismo. ¡Ay, qué hermosas son las chicas peronistas que le escriben poesía a los muchachos! Andan ahí vuelteando como cualquier mina laburando la diaria cuidando pendejos ajenos o propios y cocinando. Es el ander peroncho de los que no. Gente que sí pero que no. Y muchos de los dirigentes de ocasión saben mirar a los muchachos y a las muchachas de reojo porque no son manejables ni confiables. Se toman, se beben, se destrozan el corazón de amor y caminan bajo la lluvia, se animan a mirar al cielo para confundir las lágrimas con las gotas y llegan sopa a la casucha. Son clase media y clase baja (esa fusión es el nudo ancestral del peronismo desde su aparición maldita) y fueron antimenemistas en los noventas. Al contrario de muchos dirigentes que no tuvieron pruritos o militantes que acataron y se fumaron la época. El ander peroncho es el rock contestatario del peronismo encumbrado que vive en los cielos y desde las nubes de Úbeda dicen lo que sí y lo que no. Al ander peroncho le importa una mierda la nube. Siente lo que piensa porque piensa lo que siente y se maneja así por la vida. Participa en masa como una buena manada que rompe toda la ciudad a su paso. Y después se guarda, algunos se prenden a hacer cosillas y otros nada. Son el sustrato del peronismo maldito que se junta en esquinas a hablar de política y de drogas, mujeres y hombres, o en tugurios a esperar el amanecer. Se cruzan con troskos y troskas y de ahí nacen los niños más peligrosos del mundo en un país clasemediero que odia al obrero (me salió con rima). Todos los hijos de esa cruza son abelarditos ramos o rositas de Luxemburgo nacionales y populares que siempre andan enquilombando los armados políticos serios y poco serios de los que tienen profesión. El ander peroncho en sí odia a la dirigencia porque es anarco de base. Base: ander peroncho, superestructura: los racionales que lloran cuando hay que llorar. El ander peroncho llora posta mirando el cielo cuando llueve y lleva colgados de los trapos a sus abelarditos ramos para todos lados. Genuina raza de cimarrones. Y como no son domesticables ni con guita se suben al tren que no pasa y hacen su revolución permanente. La revolución permanente es peronista y ander. Nocturna, poética, visceral. No tapan la angustia con religión. Loquitos de internados, ladrones de poca monta, delincuentes les queda grande. El cuaquerismo racial los tiene en la mira para hacer del peronismo una raza cuidada, aberdin angus, de exportación. Son los que levantan las casas y los que la destruyen. Está plagado el campo de dinamitas ander peronistas que explotan de tanto en tanto cuando pisan los barros. Son los que se paran de manos en el final del camino cuando ocurren los 55 los 76 o los 2001. Guay con dejarlos de atender porque son los que mejor leen la cosa. La cosa es la devastación para que caiga quien caiga por arriba por abajo por los costados. Sabete de memoria a Perón y todos los discursos de Néstor y Cristina, sabete de memoria los libros de los intelectuales, sabete de memoria todo que mientras los estés recitando, ellos y ellas, te tiran un gobierno antipopular. Repito, son los que mejor leen la cosa. Y de la cosa saben solo ellos.

Marcelo Padilla