martes, 14 de junio de 2016

"Combatir a los malos argentinos y también a los malos peronistas"



15 de abril de 1953

En 1951, Juan Perón ganó ampliamente las elecciones nacionales con el 63.40% de los votos. Sin embargo, dos años después, su gobierno afrontaba una crisis: había fallecido Evita, se sucedían las acusaciones de corrupción, centradas sobre todo en Juan Duarte, había problemas con la suba de precios y los productores agropecuarios colaboraban con el desabastecimiento exportando casi la totalidad de lo que producían. Perón había creado un año antes la Comisión Nacional de Precios y Salarios, que tenía la función de vincular aumentos salariales con los niveles de productividad y evitar aumentos de precios no justificados. La inflación había disminuido considerablemente, pero unos trescientos comercios fueron clausurados por no respetar el congelamiento.

En ese marco, la CGT organizó el 15 de abril de 1953 un acto multitudinario en la Plaza de Mayo para defender al gobierno. Perón se dirigió a la multitud en la Plaza de Mayo, y, al promediar la exposición, detonó la primera bomba de 50 cartuchos de gelignita, ubicada dentro de un hotel sobre una de las calles laterales de la plaza. Al detonar la primera bomba, Perón interrumpió su discurso y después de un instante dijo:

"¡Compañeros! Estos, los mismos que hacen circular rumores todos los días, parece que se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba”

En ese momento explotó la segunda bomba, construida con 100 cartuchos de gelignita, en la estación Plaza de Mayo de la línea A de subterráneos, matando a varios manifestantes, hiriendo a decenas de personas y provocando el pánico entre la multitud que se encontraba en el lugar.

Al oír la explosión el Presidente volvió a interrumpir el discurso para decir:

"Ustedes ven que cuando yo, desde aquí, anuncié que se trataba de un plan preparado y en ejecución, no me faltaban razones para anunciarlo. Compañeros: Podrán tirar muchas bombas y hacer circular muchos rumores, pero lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya, y de esto, compañeros, yo les aseguro que no se saldrán con la suya. Hemos de ir individualizando a cada uno de los culpables de estos actos y les hemos de ir aplicando las sanciones que les correspondan”

Y continuó:

"Yo no podría pedirle al pueblo el apoyo para otra cosa, pero para eso le pido y deseo el apoyo total y sincero del pueblo. Ese apoyo ha de ser para combatir a los malos argentinos y para combatir también a los malos peronistas y a muchos que se mueven entre nosotros disfrazados de peronistas. Para eso, especialmente, necesitamos el apoyo del pueblo, el apoyo desinteresado, el apoyo sincero, el apoyo que nos pueda llevar a una depuración de la República y a una depuración de nuestras propias fuerzas.


En este orden de cosas la ley debe ser inflexible: al honesto hay que defenderlo hasta morir; al deshonesto hay que meterlo en la cárcel cuanto antes. De la misma manera los comerciantes, los industriales honestos, serán apoyados por el Estado, pero los deshonestos irán como los otros deshonestos, a la cárcel cuanto antes.

(...)

Compañeros: yo deseo terminar estas palabras, un tanto deshilvanadas por las numerosas interrupciones, las bombas y las otras yerbas, haciendo una aclaración que cuadra a los sentimientos más puros y más profundos de mi corazón. Quizás en el fragor de la lucha haya dejado escapar alguna expresión de desaliento. Yo no soy de los hombres que se desalientan, a pesar de la legión de bienintencionados y de malintencionados que golpean permanentemente sobre mi espíritu y mi sistema nervioso. Yo no soy de los hombres que se desalientan desfilando, como lo hacen entre una legión de aduladores y una legión de alcahuetes. Si eso pudiera desalentarme, si mediante eso pudiera algún día llegar a perder la fe inquebrantable que tengo en mi pueblo, habría dejado de ser JUAN PERON.”