lunes, 28 de noviembre de 2016

Nelly

(La nota fue realizada para Diario Uno y parte de ella fue publicada en la edición del 28/11/16. La foto es del reportero gráfico Horacio Rodríguez)

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“No vamos a salir a cortar calles, para que nos digan ´vagos de mierdas, que hacen acá cortando la calle y jodiendo a todo el mundo´. Nosotros sólo vamos a seguir trabajando, que es lo que hay que hacer porque todavía hay muchos que no tienen casa. No nos vamos a quedar de brazos cruzados”.

Nelly Rojas está sentada en su casa familiar de Lavalle, esperando que “alguien venga y me traiga una notificación, una citación, algo”. Hasta ahora solo ha escuchado lo que han replicado los medios durante toda esta semana sobre el anuncio de una denuncia que haría la diputada nacional del GEN, Margarita Stolbizer, de supuesto "manejo discrecional del otorgamiento de viviendas", construidas por las cooperativas de la Tupac Amaru, de Mendoza.

“Todos, desde cualquier vecino hasta el presidente de la Nación, debe estar dispuesto a someterse a cualquier investigación de la Justicia. Por supuesto que nosotros estamos dispuestos y queremos que esto se investigue y se aclare pero, hasta ahora, no ha venido nadie y no sabemos qué y a dónde hay que ir a mostrar cómo hemos trabajado”, dice Nelly.

Habla tranquila. Está indudablemente orgullosa de poder contar la historia. Ya ha superado los 60 años y vive en la casa que fue de los Montenegro, su familia materna, tan tradicional en Lavalle que hasta algunos lugares del departamento llevan ese nombre.

“Nunca hemos cerrado la puerta con llave”, dice. La razón es evidente: Muchos de los 8 hijos y de los 11 nietos de Nelly viven allí. Una enorme familia, que es más grande si se tiene en cuenta que los Rojas son 11 hermanos y que Nélida, la mayor de las siete hermanas mujeres, es la que se ha echado al hombro el liderazgo desde que tenía apenas 11 años y con una infancia carencias. Su vida antes de la Tupac, es tan interesante como la que tuvo después de ser parte de la organización que creó Milagro Sala.

El pasado lejano

La casa es muy sencilla. “Era de mi abuelo, de adobe. Al viejo le gustaba mucho el juego y se timbeaba todo. Por suerte un tío logró salvar esto, que era lo último que le quedaba”, dice Nelly.

“Tuve una primera infancia de muchas carencias. Mi padre era contratista de viña y madre lavaba y planchaba. Éramos muchos y no alcanzaba la plata. Por ahí comíamos y por ahí no. Me acuerdo que mi mamá muchas veces nos hacía un té de menta para que nos fuéramos a dormir con algo en la panza. O cuando nos quedábamos en la mesa, viendo como se apagaba el fogón, hasta que nos vencía el sueño sin haber probado nada. A veces mis hermanos salían a cazar pajaritos y a agarrar ranas para comer y siempre íbamos felices a la escuela, porque ahí nos daban un ´sánguche´de queso y dulce de membrillo”.

Pero eso no fue lo más difícil. “A los 11 años me separaron de mi familia por un problema grave”, cuenta. El padre de Nelly había abusado de ella y “me sacaron de casa para protegerme. Nunca más volví a compartir esa mesa larga”.

Fue a vivir con los Sánchez, una familia de origen español y que eran los dueños de la ferretería de Lavalle. Allí fue la nana. “Ahí conocí que había otras comidas: huevos fritos, bifes, milanesas. Las comidas típicas de los gallegos con chorizo colorado que huelen tan rico. Pero pensaba en mis hermanos y me sentía terrible. La primera época fue muy dura”.

Dice que después se transformó en una adolescente rebelde. “Le pasaba factura a mi mamá. Sentía que no me había defendido. Pasó mucho tiempo hasta que pude entender y superar eso y valorar lo que había hecho por mí”.

El trabajo

Mucho después Nelly estudió enfermería. “Tuve la suerte en diciembre del 90 y que, en ese momento, el Ministerio de Salud te nombraba directamente, sin pasar por los contratos”.

Trabajó 17 años hasta que tuvo un accidente laboral, que le costaron tres cirugías de columna y una incapacidad del 75%. “Trabajaba en el Hospital Sicoli. Un día había una emergencia y había que llevar un tubo de oxigeno de un lado a otro. Lo agarré y lo llevé yo, cargado a pulso. No me di cuenta en el momento pero, a las horas, se me adormeció una pierna. Una hernia de disco. En ese tiempo no había ART y, si o si, había que demandar al Estado”.

Nelly cobró el juicio. Con ese dinero comenzaron a mejorar la casa de adobe y por primera vez, supo que era irse de vacaciones. Unos días a Córdoba, en carpa. Toda una novedad.

El comienzo de la militancia

Es una mendocina típica. Morena, de piel curtida, con la necesidad de apapachar al que cruce el dintel. “Tengo las manos chiquitas, ¿ves? Yo creo que debo tener sangre boliviana”. Cuando enfatiza sus palabras se le tensan los músculos de la frente justo por sobre las cejas y su rostro, solo en ese momento, adquiere dureza. El de la dirigente.

“Apenas comencé a trabajar de enfermera, me afilié a ATE. Empecé a ir a las asambleas y a entusiasmarme”, recuerda. Para ese tiempo también trabajaba para superar los traumas de su infancia. Fue una conjunción. Creció su autoestima. “Me di cuenta la importancia de poder organizar a los compañeros y reclamar sus derechos”. La eligieron delegada de ATE y, después, secretaria general de la CTA en Lavalle.

El departamento tenía un grave déficit habitacional, era el que tenía en índice más elevado de mortalidad infantil en la provincia y una gran desocupación. “Desde la CTA me empezaron a hablar de tratar de organizarnos para aprovechar algún plan de viviendas”, cuenta. Ya había asumido Néstor Kirchner. Nelly se ríe. “Yo no lo voté a Néstor. No sé quien lo votó. Deben haber sido los pocos que lo conocían. ¡Mirá vos que locura!... Creo que yo voté a Menem. ¡Teníamos tan poca información, tan poca formación! Recién cuando Néstor Kirchner comenzó a recuperar las empresas del estado, nos dimos cuenta de todo lo que se habían afanado”.

La Tupac

La idea de formar cooperativas de vivienda y de trabajo fue gestándose de a poco. “No sabíamos cómo. Fuimos preguntando, tratando de organizarnos. No fue fácil. La única ayuda que había para la gente en ese momento era el Plan Jefes y jefas de Hogar y era de $150, que no le alcanzaba para nada a la gente. La mayoría estaba desocupado o haciendo changuitas”, dice. Para colmo los planes de vivienda oficiales convencionales daban pocas soluciones. “La gente se anotaba en planes de listas interminables y nunca aparecía cuando venían los anuncios de la construcción de algún barrio”.

Fue recién en 2007, cuando ya había más de 170 familias participando de asambleas en Lavalle intentando encontrar soluciones, cuando Nelly Rojas conoció a Milagro Sala. La había traído la CTA a Mendoza, a dar alguna charla. “Ella ya estaba organizada, trabajando mucho en Jujuy. Ya era una figura importante y explicaba lo que habían hecho allá. Entonces, yo pensé: Esta mujer chiquitita, nos está explicando cómo hacer, ¿por qué no podemos hacer lo mismo en Lavalle?”.

Fue una reunión en el hotel donde se hospedaba la líder de la Tupac Amaru. “Yo me imaginé una señora formal, importante… y apareció descalza, poniéndose las zapatillas”, cuenta Nelly.

Fue al poco tiempo de esa reunión que Milagro Sala le dijo a la mendocina, después de realizar gestiones en Buenos Aires: “Hay 100 viviendas, para que arranque. Pónganse a buscar tierra”.

Rojas cuenta que allí comenzaron las reuniones con el intendente de Lavalle, Roberto Righi, a quien ella llama “el Gringo”. “Siempre fuimos muy respetuosos, pidiendo audiencias y siendo puntuales. Le dijimos que teníamos 100 viviendas para construir y el Gringo no lo podía creer. Le pedimos que gestionara para conseguir las tierras, que buscáramos alternativas. Ya éramos 160 organizados en 5 cooperativas”.

El intendente tomó en serio a Rojas y la Tupa cuando se firmó en la comuna el convenio marco, por el Programa Integración Socio Comunitario. Finalmente la comuna y el IPV, después de que la Tupac lograra que el dueño de 15 hectáreas redujera el precio de 15 hectáreas de 75 centavos el metro a 50, otorgaron un crédito para comprar esa tierra. Fueron $75.000, que los futuros adjudicatarios debieron devolver junto al pago de las casas.

Así las cooperativas organizadas desde la Tupac mendocina construyeron las primeras 20 casas. “Tuvimos que aprender a pegar ladrillos, a hacer columnas,… techos. Hicimos 4 en Tres de Mayo, 4 en Costa de Araujo, 4 en La Pega y 8 en Villa Tulumaya. De pronto, el tema de la tierra había dejado de ser un problema”.

Y Nelly, teniendo en cuenta la polémica de esta semana, recuerda: “Nunca hubo problemas de cómo se designaban los adjudicatarios. Nosotros conocemos a todos los compañeros y las casas siempre se han entregado por antigüedad, para respetar al que más ha esperado”.

La polémica de las listas

“En las 1002 viviendas que nosotros hemos hecho (las casas construidas por las cooperativas son designadas a sus adjudicatarios cuando la obra está a la atura del dintel), nunca hubo problema. Que ahora aparezca esto es muy extraño”, dice Nélida Rojas. “Que digan que nosotros obligamos a la gente a usar una remera, es muy doloroso. Pero no es doloroso por mí, sino por los que denuncian eso. En mi vida, jamás me he sometido. Nada hice obligada. Prefiero cagarme de hambre pero no doblegarme. Me da pena por esas personas porque, si han usado una remera por conveniencia o por tener algo, las van a seguir doblegando y obligando a usar cualquier otra cosa no van a rebelarse”, sostiene, en relación a la denuncia que promovió la diputada Margarita Stolbizer, difundida después en el programa televisivo de Jorge Lanata y luego replicada por decenas de medios.

La Tupac mendocina, como cualquier organización, tiene asambleas periódicas en donde se vota y la mayoría resuelve. En las listas de asistencia, figuran la gran mayoría de los que han sido base de la denuncia de Stolbizer.

Siendo generadora de cooperativas de vivienda y de trabajo, allí hay algunas reglas que cumplir: 8 horas de trabajo comunitario voluntario mensual, el pago de la cuota como asociado a la cooperativa (dinero que se destina a pagar sueldos de docentes, personal sanitario, cinco administrativos y gastos operativos) y también la participación en las actividades resueltas por la asamblea.

“Creo que integrar esta organización, es algo que debería llenarnos de orgullo”, dice Rojas. Inlcuso destaca que, por ejemplo, la mayoría de los tanques de agua de las casas entregadas lucen el símbolo de la organización “porque la gente los pinta porque quieren hacerlo, se identifican con el proyecto, pero no porque se les pide que lo hagan y mucho menos se les exige hacerlo”.

Además la dirigente aclara que “nosotros presentamos los listados, de acuerdo a la antigüedad. Después la Dirección de Viviendas y el IPV son los que revisan y resuelven. Son ellos los que adjudican, no nosotros. Jamás hemos dicho: a este no, por ninguna razón”.

También indica que “hoy están promoviendo que nos denuncien por cualquier cosa. Hace unos días nos enteramos que estaban invitando a que la gente nos denuncie en San Martín por una supuesta obra de veredas y gas que teníamos que hacer y que ni siquiera sabemos a qué se están refiriendo. La verdad, todo es muy raro”.

Sala y la cárcel

Nelly Rojas dice visitó a Milagro sala “unas cuatro o cinco veces” en la cárcel. “Cuando la detuvieron, pensé que iba a salir en unos días… y acá estamos”.

Cuenta que en la última visita “la vi al límite. Está flaquita. Apenas sentí su cuerpo, debajo de la camperita que tenía puesta”.

Dice que la líder de la Tupac “nos dijo que ya había escrito algunas notas. Dijo: ´en diciembre me voy de acá, caminando o con los pies para adelante´. Dijo que no va a esperar más tiempo. Yo le dije que Mujica (José, ex presidente de Uruguay) estuvo años detenido y se sobrepuso. Pero ella dice que ya es suficiente. Me quedé muy angustiada. Ella no debe estar allí. Yo ni siquiera digo que sea inocente. Que la justicia investigue lo que tenga que investigar, pero no debe estar presa”.

Rojas dice que el hecho que esta semana hayan liberado a Raúl Noro, esposo de Milagro, y a otros dos integrantes de la organización, le da ciertas esperanzas.

“Raúl siempre me dice: ´Nelly querida, aprovecha para aprender de lo feo, del sufrimiento, a no ser tan confiada´. Yo, la verdad, no sé por qué se debe aprender así, cuando uno ha trabajado tanto, cuando todos hemos trabajado tanto para buscar soluciones para todos”.

Cortitas y al pié 

* “Hoy las empresas constructoras cobran entre $800.000 y $1.000.000 por construir una casa del IPV. Las cooperativas de la Tupac cobran $340.000. No es muy difícil suponer cuál es el problema con nuestra organización”.

* “Yo no he ido por la vida juntando papelitos, pensando que alguna vez eso me iba a servir como prueba. Yo he valorado lo que uno hace y dice. Soy gente de trabajo. No pienso si alguien algún día me puede acusar”.

* “Yo estoy totalmente dispuesta a que la Justicia nos investigue. Todos debemos estar sujetos a la Justicia, desde el primero al último. Solo me duele que las denuncias, después generen una condena social injusta que es muy difícil de limpiar”.

“Yo no pago, no compro los materiales, no integro ninguna cooperativa, tampoco la asociación civil. Yo me dedico a trabajar por la organización, a planear, a gestionar, a tratar de que todos tengan casa y trabajo”.

“Los fondos y las viviendas vienen al IPV y a la Dirección de Viviendas de los municipios, que luego envían a las cooperativas, a quienes se les paga por certificación de avance de obra. No hay forma de que haya irregularidades”.

“Dicen que nos han dado $800 millones. Curiosamente, se les ha escapado un 0. En estos casi 10 años han llegado $80 millones por la construcción de 1002 viviendas. Si hay dudas, que se investigue, pero que no se denuncie con mala intención”.

“Si vienen a allanar, no hay problema. Solo espero que no vengan a romper todo y a llevarse cualquier cosa, como hicieron en Jujuy. Yo estoy totalmente tranquila, solo me preocupa que no vengan a hacer daño”.

* Las cooperativas de la Tupac Amaru han construido 1002 viviendas en toda la provincia, especialmente en Lavalle, pero también en Tupungato, Maipú y Gaymallén. Algunas son barrios y otras son viviendas rurales. Una parte de ellas aún están en ejecución y, según Rojas, el ritmo de avance va muy lento por el retraso en el envío de fondos.

En Lavalle, además de las casas construidas, la Tupac ha construido un salón de usos múltiples que se usa para el dictado de clases para adultos y otras actividades sociales. También tiene un jardín maternal y un módulo de salud donde atienden médicos y se realizan controles sanitarios. Los sueldos del personal que allí trabaja son afrontados con la cuota social que aportan los asociados a las cooperativas.

Además de las viviendas, se creó una cooperativa de confección de ropa de trabajo. Más de 15 personas trabajan allí fabricando indumentaria para empresas, entes estatales y particulares. Este medio pudo comprobar que la fábrica tiene una gran demanda.

La Tupac tiene una oficina en donde se concentran las necesidades administrativas de las cooperativas. Cinco personas trabajan allí. El lugar está repleto de carpetas, cajas y biblioratos perfectamente ordenados y etiquetados. Pareciera que no será difícil certificar cómo ha funcionado la organización y si se han cometido irregularidades.

Enrique Pfaab