miércoles, 1 de junio de 2016

Borges y el peronismo


Por Iciar Recalde *


Años estudiando a Borges. Escucho a un colega esgrimir que cuando Jauretche lo denominó PROFETA DEL ODIO, dramatizaba, exageraba. Se trata, conjetura, de la exacerbación de las pasiones típica de “populistas” como yo que niegan la “autonomía” y el “apoliticismo” del escritor y del intelectual (en la semicolonia inglesa, patrimonio de las almas puras).

Junio de 1955: el ateo Borges cuenta que ver las iglesias incendiadas le dio ganas de llorar. Ni una sola palabra en torno al bombardeo sobre la Plaza de Mayo en el que murieron miles de personas. Septiembre de 1955: conjetura con su amigo Bioy C. sobre el alzamiento militar: “procurando no dejarnos arrastrar por la ilusión, aunque ésta vez parece que es de veras.”

Octubre de 1955: lee en Marcha de Montevideo “La fiesta del monstruo”, reescritura en clave antiperonista de El Matadero de Echeverría, haciendo hincapié en la escena donde una turba abominable lapida hasta la muerte a un estudiante judío que se niega a loar la foto del “Monstruo” Perón. Durante la década peronista no hubo actos de hostilidad hacia los judíos, Perón fue el primer presidente que tuvo funcionarios judíos en su gabinete, apoyó a una organización judía e inauguró las relaciones diplomáticas con Israel.

Octubre de 1955: Lonardi, agradecido por los servicios realizados, le informa su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional.

Noviembre de 1955: mientras se desarrolla el conflicto que concluirá con el reemplazo de Lonardi por Aramburu, el “demócrata” Sábato invita a Borges y a Bioy a acompañarlo a El Mundo en busca de novedades. Al salir, “recorremos el centro, gritamos: ‘Rojas sí, nazis no’. Un grupo de escritores en esos aciagos días sale con una declaración de “plena confianza en el gobierno”, que prosigue “juiciosamente en la paz la obra iniciada con las armas en septiembre de 1955” porque la Patria va encaminada “hacia un porvenir sereno y honroso.” Borges propone frases más efusivas: “Si, por un azar, en este país de mierda, un grupito de hombres decentes está en el gobierno, debemos apoyarlos.” Cuando el gobierno de Aramburu y Rojas tambalea, crece la adhesión de Borges: “Si alguien merece el título de libertadores son esta gente. Lo merecen mucho más que los de la Independencia; el dominio español nunca debió ser oprobioso como el de Perón. Se podrá decir que es gente oscura, y un poco ridícula, y chambona, y con un pasado medio peronista, pero lo que no puede negarse es que son libertadores.”

Diciembre de 1955: en la Casa del Escritor, Borges explica que: “Perón no defendía al pueblo, la Revolución no es un zarpazo de terratenientes y de obispos.” Allí, alguien se atreve a sostener que los obreros estaban dispuestos a morir por Perón. Borges le responde: “Vea, la revolución se ganó porque había gente dispuesta a morir por la libertad y nadie a morir por Perón.” Borges cuenta un diálogo escuchado en un almacén: “Uno: Ahora no hay libertad. Otro (más corpulento que el anterior): Ahora hay libertad. Antes si usted gritaba ‘¡Muera Perón!’ iba a parar a la comisaría segunda. Ahora, si grita ‘¡Muera Rojas!” no le pasa nada, salvo que yo le bajo los dientes de un sopapo.” Los métodos reales serían más cruentos.” El encono hacia cualquier manifestación popular alcanza a Gardel. Escucha una tarde dos versiones de un mismo tango cantado por Gardel y por Jorge Vidal. Está de acuerdo en que Vidal es mucho mejor porque Gardel: “Es canallesco, casi es como si Perón cantara.” Cuenta que una vez fue al cine a ver La batida con George Bancroft; anunciaron que Gardel iba a cantar al final, explica: “Nos fuimos sin oírlo, porque no queríamos que el efecto del film se nos arruinara. Adolfo Bioy padre (ministro de Félix Uriburu) le dice que tiene razón: “Gardel era idéntico a Perón.” Borges comenta: “La cara de Gardel era la típica cara del otario. Malevo, sí, pero malevo sonso.” Afirma: “Hablamos con Bioy de negros norteamericanos, que viven en conventillos y tienen Cadillacs. Así era la gente aquí durante el peronismo. Se echaban encima todo lo que tenían. Vivían cinco en un cuarto y tenían Frigidaire.” E

El actor Francisco Petrone tras la Fusiladora les propone a Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo escribir una película sobre el Martín Fierro de José Hernández. Los amigos conversan sobre el posible guión: Borges: Se ve a Fierro como un gallo montado en un chancho. Otro problema son los indios; Bioy: Aunque el país está lleno de gente aindiada, en nuestro film no se les verá el tizne; Borges: Podemos sugerir que todo lo importante ocurre en los márgenes de la pantalla: ‘Voy a pelear con los indios, vengo de pelear con los indios.’ Conversan sobre los posibles personajes: Borges: Para el Viejo Vizcacha –el ‘personaje filosófico’ que interesa a Petrone, ¡qué idea de la filosofía!– habrá algún putito de la SADE. (…) En realidad va a ser muy difícil hacer el film. Pensá: cuando se vea el ejército, la bandera argentina, y la gente tratando de huir para que no la enganchen. Va a parecer un ataque contra el ejército, a favor del Descamisado. (…) No veo cómo vamos a evitar que se vea ese destino como el de un peronista perseguido por la sociedad y por el Ejército.”

Aprende el alma pura de Borges en esos días la técnica “sublime” de la injuria y la negación. Hasta de sus ex compañeros de caminata, tertulias y discusiones literarias y políticas: “He visto a Scalabrini Ortiz una sola vez en mi vida, creo que una noche. Además no he leído sus libros. Él era del grupo Martín Fierro, al que yo no frecuenté jamás.” “En Manzi hay frases evidentemente falsas, que demuestran, no diré al literato, pero sí al mal literato.” “Discépolo creo que era un funcionario peronista que propagandizaba el régimen por radiofonía.”A quien prologa positivamente su primer libro: “Jauretche es un sinvergüenza, no lo vi más después que se hizo peronista.” Aramburu convoca a elecciones, Borges lo lamenta: “Deseo que el gobierno se quede.” En 1958, cuando se conoce la elección de Frondizi, Bioy busca a Borges: “Estoy en tercera persona, como dice Borges: como afiebrado aunque sin fiebre.” Borges responde: “Aquí te espero. Deshecho.” Sigue Bioy: “Nos sentimos muy tristes. En casa, mientras orinamos, hablamos de las elecciones. Borges: “Ayer, semidormido, miraba el bastón y el ventilador comprados después de la Revolución y me preguntaba cómo podía tener esos objetos de una época futura, ya que ahora estábamos otra vez en el peronismo, en el pasado.”

Iciar Recalde

Fundadora del Centro de Estudios Juan José Hernández Arregui. Docente en las Facultades de Periodismo y Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP)