domingo, 5 de junio de 2016

Ya estamos volviendo


Por Marcelo Padilla
Foto: Seba Landi

El poder no es un objeto o instrumento abstracto que se toma en el aire de una elección, ni tampoco es un concreto tan palpable como para andar mostrándolo a mano abierta. No está en el bolsillo de nadie. No. Por más reformulaciones teóricas y políticas el poder siempre estará invisibilizado por las nuevas y creativas (perversas) formas que el capitalismo genera constantemente como si viviera en un orgasmo permanente del sin sentido. El poder en el capitalismo hoy es un orgasmo sin sentido. El deseo del poder, esa excitación sin sacia, está sostenido por la fantasía. La fantasía de los hechos cotidianos que domestica al cartonero en su viudez del mundo como al infeliz que la tiene que hacer rendir a costa de los costos. Es un manjar el poder. Y sostenerlo una ocupación militar en la fantasía. La guerra real se da en la fantasía. Y ahí está el verdadero ocultamiento que hoy asume este momento histórico: ser vehemente para el saqueo. Nos están saqueando. Cientos de miles de purgatorios en las esquinas tienen preparadas ya, las preguntas y las respuestas. Pero los que vamos a volver seremos los diablos que ahora nos tenemos que agachar para que pasen las cuchillas. Yo creo que ya volvimos, se siente en las marchas bajo la lluvia de un invierno anticipado, a pesar de los llantos desgraciados, estamos vivos, enfermos, somatizando, tropezando piedras. Pero vivos. Y es desde el inmenso amor a los que no tienen nada y lo han perdido todo como sostenemos nuestra propia fantasía. Guerra de fantasías. Ellos y nosotros. Anticipando el volver ante el shock del desguace. Paciencia al pueblo que boga en el mero estar de sus naderías cotidianas. Y banque a la locura. Hoy se hace necesario estar loco. Salir del orden mental de esta postredad televisiva y crear un humus semántico loco, suelto, loco, que no te vean venir. Arderá el mundo antes que anochezca y la especie pavorosa sin hacerse cargo de nada. Somos una especie fatigada que tiene oportunidades cada tanto. La somnolencia está en la farmacia. La farmacia está atorada de gente pidiendo lo mismo. Volveremos cuando soltemos amarras y aliviemos las cargas del rencor hacia dentro de nuestro bello y vampirizado movimiento. Ya goteará la primera sangre, así como se corta la lluvia, se rajan las espaldas de los que hoy sufren. Sufrir ha sido nuestra condición de subalternos. Pero desde esa situación móvil, maniobramos entre hastío y la esperanza. Si hay un cimbrón será porque gritará la tierra y escupirá a sus nuevos hijos como un vómito volcánico. Yo al menos, quiero morir, pero de amor. Sino, no me muero un carajo.

Marcelo Padilla