lunes, 23 de mayo de 2016

¿Curas desobedientes?


Por Eduardo de la Serna

Parece que el grupo de curas en Opción por los pobres, con nuestras intervenciones, como grupo o individualmente, estamos molestando: en los comentarios en las redes sociales arrecian los “trolls”, es decir personajes (habitualmente ficticios) que sólo pretenden crear malestar, confundir, cambiar el eje…; en cierta prensa – particularmente una – se intenta por todos los medios desprestigiarnos:

+ Son curas “marginales”
+ No son representativos
+ No tienen delegación

Se me ocurren muchas cosas para comentar sobre esto, pero quisiera ir a lo que me parece el nudo de esta cuestión.

Muchos periodistas, creo que casi todos con contadísimas excepciones, no entienden prácticamente nada al entrar en terreno eclesial, y – lamentablemente – no hacen habitualmente ningún intento por lograrlo. Entonces, desde su mirada, la Iglesia se parece más a un cuartel, donde rige una “obediencia” vertical e incuestionable, que a una comunidad de hermanos. A esto le añaden imágenes como que el papa o los obispos son los “jefes” o la “máxima autoridad” cosa que queda reflejada cuando al hablar, por ejemplo, un obispo dicen “la Iglesia dice…”.

No conformes con ensuciar la figura del Papa porque no entra en sus esquemas preconcebidos y le envía un rosario a Milagro Sala o porque invita a Hebe de Bonafini, porque afirma que “este sistema mata” o con que no pagar justamente a los trabajadores “es pecado mortal”, muchos medios pretenden llevar obispos “para su molino” (y debemos reconocer que en algunos casos no les ha de resultar demasiado difícil lograrlo).

Según Alfredo Leuco los obispos le dijeron al presidente que yo soy “un cura marginal” (un verdadero halago, por cierto). Más tarde la productora de Guillermo Lobo me llamó para hablar de un tema y toda la conversación (o ataque) giró por otro lado sin ni siquiera una mínima referencia a lo acordado. Ahora, Sergio Wiñasky intentó que el obispo Jorge Lozano – al que confundió con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina – fuera crítico del grupo de curas distorsionando lo que dijimos en nuestra carta 7 sobre la “persecución cinematográfica” a Lázaro Báez. Monseñor Lozano respondió algo evidente: que hablamos a modo personal y que no tenemos delegación, lo cual es absolutamente cierto. Los curas tenemos plena libertad para reunirnos, reflexionar y opinar; y no necesitamos delegación, por cierto. Sólo es nuestro deber vivir, actuar y hablar “en comunión” con la Iglesia (algo que expresamente decimos en la misma carta 7). Y acá está el tema: ¿qué relación hay entre “obediencia” y “comunión”?

Para empezar señalemos que la primera obediencia que debemos es, ante todo, a la conciencia.

"Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica. En esta determinación del individuo, que encuentra en la conciencia la instancia suprema y última, libre en último término frente a las pretensiones de cualquier comunidad externa, incluida la Iglesia oficial, se halla a la vez el antídoto de cualquier totalitarismo en ciernes y la verdadera obediencia eclesial se zafa de cualquier tentación totalitaria, que no podría aceptar, enfrentada con su voluntad de poder, esa clase de vinculación última" (J. Ratzinger).
Además de la conciencia, ante todo está lo que “Dios dice”. Creer que el “jefe de la Iglesia” es el Papa manifiesta una supina ignorancia para los creyentes. Sin duda alguna la máxima autoridad de la Iglesia la constituye el Espíritu Santo. Y para graficar esto, me permito una nueva referencia:

En mayo de 1431 “la Iglesia” en su tribunal de la Inquisición condenaba a una muchacha pobre e iletrada. Ella afirmaba que Jesús, personalmente, le había hecho un encargo que “la Iglesia” rechazaba, especialmente impulsada por la facultad de teología más importante de entonces, la de París. Ella afirmaba que estaba plenamente dispuesta a obedecer a la Iglesia, pero “antes” debía obedecer a Jesús. La pena para Juana de Arco fue la hoguera. La posterior rehabilitación y tardía canonización de Juana es una clara manifestación de lo que la misma Iglesia dice sobre este tema.

La Iglesia misma, y cada miembro, empezando por el Papa debe también él ser “fiel a la Iglesia”, no es “la Iglesia”. La imagen absolutista de “l´État c’est moi” no es coherente con ninguna sana teología eclesiástica (o eclesiología).

La obediencia a la conciencia, al Espíritu Santo, a Dios mismo que se ha revelado es el punto de partida indefectible. Tanto, que se ha dicho que la misma Iglesia debe “convertirse al reino de Dios”. El “reino es el único absoluto” (Pablo VI), no la Iglesia. Los que caminamos dentro de la Iglesia creemos que ésta es el ámbito en el que podemos desplegar, buscar, encontrar la voluntad de Dios, que es su reino (así hay que entender la afirmación “Creo en la Iglesia”, “en” como “ámbito” de fe, no como “objeto” de fe, ya que éste solamente lo es Dios; tenemos “la fe de la Iglesia”).

¿Cómo pretenderían algunos dizque periodistas, que parecen más operadores o lobistas, que vivamos nuestra fe? Jesús nos dice que vino a “anunciar el evangelio a los pobres”, y nosotros, como curas que caminamos y vivimos en medio de los pobres (sin pretender tener el monopolio de eso, pero sí reconociendo nuestra propia identidad) vemos que hubo momentos en los que los pobres fueron mucho menos pobres, y que en el presente – con las políticas que el gobierno de los ricos y para los ricos está aplicando – los pobres están siendo cada vez más; más pobres y más los pobres. Lo nuestro no es – de ninguna manera – una actitud “política partidaria”.

Al salir del programa Minuto Uno el diputado oficialista Arenaza me dijo “muy parcial lo suyo, padre”. No sabía que me estaba halagando. Ser parciales en favor del pobre se asemeja bastante a lo que nos piden los Evangelios y la Biblia toda. Si estamos de acuerdo con políticas o si nos enfrentamos a otras no es por adherir a un partido, sino por “tomar partido” en favor de los pobres. Nuestras cartas, por ejemplo, no son “contra el gobierno”, son en favor de los pobres. Pero creemos firmemente que las políticas aplicadas, los hechos a los que hacemos referencia, se oponen a los pobres. Nosotros no somos “oposición”, el problema es que las políticas aplicadas “se oponen a los pobres”, y allí estamos nosotros. Sencillamente. Por obediencia, precisamente; a Jesús y a la misma Iglesia.

Eduardo de la Serna
Grupo de Curas de Opción por los Pobres